Juicio a la dignidad es un artículo de Antxon Mendizabal y Sagra Lopez publicado en la sección Kolaborazioak de EGIN en la página 9 del nº del diario del día 30 de Octubre de 1997.
El asombroso juicio político contra la dirección
de una agrupación electoral de la izquierda vasca que ha
utilizado su libertad de expresión para defender la única
alternativa democrática y de paz presentada en el largo
litigio que enfrenta Euskal Herria con el Estado, rasga con contundencia
la esperanza de paz, democracia y libertad para nuestro pueblo.
El juicio refleja el intento de consolidación de una situación
en la que todo es libre para los enemigos de las reivindicaciones
democráticas y las libertades, y en la que nada es posible
para los que defendemos nuestro derecho a la existencia como pueblo
diferenciado.
La ofensiva jurídico-política de la clase política
del gobierno español, de los medios de comunicación
social y del poder judicial, tiene como objeto penalizar toda
rebeldía, eliminar toda libertad de expresión y
amedrentar las iniciativas sociales de los sectores desfavorecidos
y dominados. Aquí y ahora, se trata de presentar a los
y las disidentes y a las vÌctimas de su política
antisocial, totalitaria y genocida como simples agresores terroristas
o meros colaboradores de estos últimos. La lógica
dominadora, imperial y antisocial del Estado Español sobrevive
solo generando la cultura de la sumisión y aplastando consiguientemente
todo atisbo de insumisión real, imponiendo su "autoridad"
y sustituyendo la diversidad nacional y la argumentación,
por la españolización y la coerción.
En el fondo de la cuestión está esa transición
democrática, que niega a nuestro pueblo su derecho a la
existencia y a la Autodeterminación, estableciendo además
una dialéctica entre el poder dominante (ejército,
aparato del estado, estructura legal, justicia) y el poder temporal
(ejecutivo y legislativo) de manera que la nueva clase política
opta por limitar el proceso de democratización, diseñar
un frente nacional español y priorizar sus intereses propios,
haciendo cuerpo con el poder permanente en la represión
de los sectores sociales que reivindican los derechos democráticos
y de los pueblos que defienden su libertad y autodeterminación
.
La transición política española ha fabricado
artificialmente, privilegiando la bipolarización (social,
política y sindical, estatal) y utilizando partidístamente
los medios públicos de comunicación social, una
"mayoría democrática" que reproduce la
antigua mayoría silenciosa del franquismo, que antes y
ahora han estado siempre con el poder. La creación política
de esta "mayoría" viene pareja con un diseño
específico para la mal llamada democracia del Estado Español.
En primer lugar, se implanta un funcionamiento político
que en nombre de la mayoría niega los derechos básicos
y fundamentales de la minoría y de la disidencia. En segundo
lugar, la "democracia española" extiende esta
lógica al interior del Estado-Nación, utilizando
la nación española mayoritaria y dominadora para
negar los derechos nacionales de las nacionalidades oprimidas,
demográficamente más débiles. En tercer lugar
se trata de "satanizar" toda lucha de estas minorías
disidentes y de estas nacionalidades, considerándolas incompatibles
con su funcionamiento democrático y justificando así
la coerción, la españolización y la represión.
El nuevo espíritu de Ermua - Las Ventas, articula masivamente
los medios de comunicación para crear una realidad virtual
que movilice a los sectores autoritarios, al miedo, al nacionalismo
español, al racismo, y a todos los interesados materialmente
en el status quo actual, contra la posibilidad de un cambio. En
el nuevo espíritu de Ermua-Las Ventas aparece meridianamente
claro que todos los medios son lícitos para el Estado por
muy manipuladores, antidemocráticos, falsarios y realmente
terroristas, que estos sean, en la lucha contra Euskal Herria.
Se explica así el linchamiento que los medios de comunicación
ejercen sobre la Mesa Nacional, buscando desviar sus responsabilidades
(históricas y presentes) en la obstaculización sistemática
de cualquier salida democrática al conflicto. Su abierta
presión y beligerancia exigiendo una condena ejemplar,
plantea además, de manera escandalosa, una magna ingerencia
en la resolución judicial.
Si antes, el nacionalismo racista español, trató de ubicar a través de la constitución qué reivindicaciones democráticas eran legítimas y cuales no lo eran, el objetivo del juicio actual es declarar ilegítimas aquellas "opiniones" que redunden a favor de Euskal Herria, criminalizando su proyecto político. Se intenta también criminalizar toda salida política negociada y democrática en el contencioso vasco, condenando judicialmente a nuestra alternativa democrática. Como se viene reiterativamente insistiendo desde diversos autores, el Estado pretende procesar "la única alternativa que puede traer la paz".
Está también en cuestión el futuro democrático
de los pueblos de Europa . Así, mientras el gobierno inglés
ha optado en Irlanda por la vía del diálogo, el
gobierno español se encierra en la exclusiva vía
represiva, tratando de que su peculiar lógica de españolismo
y coerción sea homologada contra los pueblos europeos por
otros Estados-Nación. Es acertada en este sentido la carta
pública de la liga celta que califica a España de
dinosaurio político que quiere mantener la Nación-Estado
del siglo XIX , mientras que" Europa mira hacia el nuevo
milenio desde una diversidad de pueblos que disfrutan de su autodeterminación."
Resalta también en este procesamiento el nefasto aplauso
autoritario y el silencio hipócrita de los que autodenominándose
demócratas, nunca aportaron otra cosa que fascismo, nacionalismo
granespañol, mezquindad, autoritarismo y sumisión.
Pero las negras capas de los inquisidores de España no
podrán ocultar la luz del sol y ni siquiera la claridad
de las mazmorras. En este contexto, el juicio contra la mesa nacional
de H.B. es un juicio contra la dignidad, expresada en esos 23
magníficos exponentes de la resolución democrática
del conflicto vasco, emisarios y emisarias de la única
apuesta de paz y estandartes de la voluntad de vivir de nuestro
pueblo.
Antxon Mendizabal
Sagra Lopez